miércoles, 20 de enero de 2016

HERMANO AMANCIO, PRESENTE ENTRE NOSOTROS

AMANCIO VARONA VALDIVIELSO
(09/02/1941 - 20/01/1996)
Un Excelente amigo que los tumaneños recordamos con cariño
R.P. Amancio Varona Valdivielso, Amigo, Maestro y Guía espiritual de Tumán
 
BUSTO EN HOMENAJE AL HERMANO AMANCIO, EN EL PATIO DE LA CAPILLA SANTA ANA DEL DISTRITO TUMÁN - CHICLAYO - LAMBAYEQUE - PERÚ
 
 
BREVE BIOGRAFIA
El día 9 de febrero de 1941 nació en Revenga de Muñó (Burgo) España el padre Amancio Varona Valdivielso, quien viene de una familia humilde y muy católica, sus padres don Agustín Varona Termiño y doña Benedicta Valdivielso Tomé, su fe, al igual que San Vicente de Paúl, sabe a tierra y hogar  y es alimentada en la mesa grande de pino, a la que se sienta la familia de cuatro hermanas más.
Su primaria la realizó en Revenga Muñó, la secundaria en el seminario apostólico, su noviciado en Limpias Santander, filosofía en Madrid y San Pablo de Cuenca.
Fue ordenado el 25 de junio de 1965 a los 24 años de edad en Salamanca, como sacerdote.
El 08 de octubre de 1966 llega en barco desde Barcelona al Callao. En Lima realizó su labor pastoral en la Parroquia Las Mercedarias en Barrios Altos, en la Parroquia Santa Catalina Labonré en Villa María del Triunfo y en San Vicente de Paúl, en Surquillo. Luego es designado para sustituir a un sacerdote por problemas de salud, fue cancelado, él decía que venía solamente por unos días hasta que se designe al sacerdote oficial para esta Parroquia. Nuestro gran maestro Amancio, llegó a Tumán un 05 de abril del año de 1983 a la Parroquia Santa Ana, quedándose casi 13 años.
Tenía el don de la amistad y la suerte hacia amigos con el lenguaje común, el apodo y la jerga criolla. Todos sus amigos tenían un apodo, un segundo nombre. Habla con el estilo de su pueblo, de su gente. Sus predicas eran hechos reales narrados con la verdad del evangelio y expresados con la denuncia franca y la jerga criolla. Él tenía la verdad sus formas, pero no soportaba las formas sin la verdad.
Tumán era una cooperativa azucarera con más de 30 mil habitantes a la que sumaban 8 anexos hoy centros poblados. Mucha extensión para Amancio solo. Además una población pastoralmente difícil por su situación social y laboral. Un terreno movedizo y delicado, en el que las palabras y la presencia del sacerdote estaban en la mira de todos y en la frialdad de la mayoría. Practicaba mucho el deporte, llegó a jugar en el campeonato laboral “El cura futbolista” era una admiración verlo jugar, los arqueros le temían por su fuerte pegada. Cantaba muy bien él mismo  nos enseñaba a cantar antes de cada misa. Con ese don que lo caracterizaba, se entregó a la formación de los catequistas y después a los matrimonios y así fue creando una pequeña pero significativa comunidad pastoral formando los diferentes grupos cristianos católicos que hasta hoy existen. En ese tiempo eran más de 150 agentes pastorales, la mayor parte de su tiempo la pasó, sin pensar en comer, ni descansar, como sabemos él no permanecía en Tumán,  viajaba mañana y noche.
Pero su evangelización no solo llegó al pueblo sino también a las autoridades. Efectivamente, con su amistad y con sus palabras sinceras, conquistó a todas las autoridades, fuera cual fuera su bandera política. A todos ellos supo darles su lugar correspondiente de acuerdo a su jerarquía, obteniendo de ellos la ayuda necesaria para su obra pastoral como era la construcción del templo, salones, casa parroquial, oficinas y lo proyectado, el velatorio y casa hogar para ancianos. Y como el corazón lo tenía amplio lo extendió a los anexos. Ahí quedan los templos de Calupe. La Granja, Rinconazo, Arbulú, Conchucos, San Miguel, La Calerita, San José, templos no solamente construidos sino equipados.
El Padre Amancio Varona Valdivielso vino a despertar la fe en la feligresía tumaneña, vino a mover corazones y conciencias para revivir la fe, con su carisma de misionero y su vocación sacerdotal supo encaminarnos tras los pasos del Señor. Este era Amancio, el amigo, el compañero y el sacerdote vicentino que no solo era párroco, sino también maestro misionero y compañero de la comunidad.  Un maestro, cuya presencia entre los más pequeños y los colegas, era naturalmente acogedor y amigo. Pero Amancio tuvo que morir para dar fruto y dejar sembrada, entre los suyos y nosotros, la verdad del evangelio: Cristo el servicio desinteresado, el amor al necesitado, su estilo noble y sencillo de vida, su ideal: “Amaos los unos a los otros” su ser y su persona: “Tomad y comed”…., su vida: “Haced esto en memoria mía”….., su exigencia y su esperanza: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que tenemos que hacer”.
Amancio, Dios te encontró maduro para la vida y morir maduro en vida y obra. Entraste a este mundo misionero por la puerta humilde del servicio y sales, escoltado de aplauso y gloria, por la puerta de los más grandes. Amancio, vivimos cordialmente contigo. Te encontramos apaciblemente muerto y te guardamos cariñosamente vivo “LOS QUE CREEMOS EN CRISTO TENEMOS UN SOLO CORAZÓN”.
Fallece un 20 de enero de 1996 en la capital de Lima - Perú.

Contactos a:  gvs051@gmail.com

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